sábado, 26 de septiembre de 2009

Nueva Tendencia

Recientemente en una conversación comentábamos que cada vez más se escucha la frase "es que no tengo tiempo" como la justificación ideal para decir por qué ya no podemos disfrutar de aquellas cosas que antes eran valiosas en nuestras vidas, como por ejemplo hacer actividades recreativas de ocio en general, disfrutar de grandes momentos con los amigos y amigas que siempre nos llenaban de satisfacción y refuerzo emocional su compañía, o simplemente estar “repanchingado” disfrutando con saber que no hacemos nada.

Puedo entender a las personas, aunque no comparta de pleno sus argumentos, cuando avalan su justificación de no tener tiempo, con testimonios inapelable como detallar que de las 24 horas del día las distribuyen básicamente en las principales actividades típicas de los adultos: el trabajo, la pareja, los hijos, y las responsabilidades de la casa.

Me pareció sobrecogedor el e-mail de respuesta que me envió hace poco un amigo a propósito de los avisos que envío con las nuevas entradas en mi blog, en el que me decía que él no tiene tiempo para leer blog, que él siempre tenía muchas cosas por hacer y no estaba para esas cosas. Es muy curioso que precisamente cuando las tecnologías se posicionan en primera fila para supuestamente facilitarnos y agilizarnos nuestras actividades cotidianas, es cuando más nos justificamos diciendo que no tenemos tiempo.

Pienso que es casi una tendencia social eso de decir «me gustaría, pero es que no me alcanza el tiempo para ….» También pienso que si me inclino por esa tendencia, me conduciría con seguridad hacia la infelicidad, y no me cabe duda de que a la sociedad le importa tres pitos mi felicidad.

Afirmando que no tengo tiempo para hacer todas las cosas que realmente me gustaría hacer, lo único que conseguirá es genérarme una preocupación excesiva, dándole a mi cerebro la orden para que me introduzca en un estado de abatimiento y ansiedad, y mi cerebro prefiere la tranquilidad y el sosiego.

Se que puedo parecer un atrevido afirmando que muchas veces nuestras actuaciones son un reflejo de lo que absorbemos del exterior y no de lo que realmente tenemos en nuestra mente, que vamos como Vicente, por donde dice la gente, por eso caemos en la trampa de imitar ciertas pautas de conducta de las sociedades, que curiosamente no son pautas caídas del cielo para imponerse, sino que también son producidas y manipuladas por la mente humana.

Quizás también puedo incomodar a los que siguen esa tendencia social de ir por la vida siempre sin tiempo, porque la realidad es que yo voy contracorriente en la administración de mi tiempo, por eso tengo el suficiente para hacer las cosas que realmente quiero, cuando las quiero y como las quiero. Aclaro que eso de incomodar lo digo precisamente por eso de que las pautas que te dictan las sociedades es para que las personas las sigan como objetivo global, no individual, y en este sentido yo voy por libre.

Confieso que por actuar como Vicente, me había apuntado en el gimnasio imaginario “La Rapidez” donde hacia musculación mental para fortalecer los pensamientos que me permitieran hacer las cosas lo más rápido posible, y así no justificar que no las hago por falta de tiempo. Hasta que un día descubrí que estaba siguiendo una tabla de ejercicios diseñada exclusivamente para la robustez cerebral que me convertiría en tiempo récord, en una persona controladora, atareada, agresiva, apresurada, analítica, estresada, superficial, impaciente y activa; es decir, que me llevaría a unos resultados basados en la filosofía de la cantidad prima sobre la calidad.

Cuando descubrí esto, inmediatamente me borre de la lista de mi gimnasio imaginario, ahora me he apuntado en otro que se llama “Tengo Tiempo”. Aquí practico mis ejercicios de musculación mental siguiendo una tabla basada en la filosofía de que se puede tener tiempo para todo lo que uno entienda que es satisfactorio. Esta tabla me garantizan que si le doy el tiempo que le corresponde a cada ejercicio satisfactorio en mi vida, me puedo convertir en una persona serena, cuidadosa, receptiva, silenciosa, intuitiva, pausada, paciente, y reflexiva; en este gimnasio la calidad prima sobre la cantidad.

Afortunadamente, como no me considero una fotocopiadora, ni una grabadoras de vídeos, que debe reproducir lo que hacen los demás, por eso tomé la decisión hace tiempo de cambiarme de gimnasio imaginario, en este que estoy ahora, con esa estupenda tabla de ejercicios, estoy logrando controlar mi ritmo de vida y también he aprendido a decidir qué celeridad me conviene en determinados contextos.

Por llevar ahora el control del tiempo como me sale de los… (sí, eso, de por ahí mismo) ahora considero que eso de tener organizada mi agenda de vida tal y como me la exija la sociedad, no me da ninguna garantía de que todas las cosas me van a salir perfectas, o creerme que siguiendo el ritmo de los tiempos que te establece la sociedad, voy a tener felicidad perpetua.

El hecho de no tener garantías fue lo que me avivo la llama que me ha dado la energía suficiente para romper las cadenas que me ataban como esclavo servil del tiempo. Ahora vivo la vida como una pizarra en blanco infinita, en la que voy anotando a posteriori, esas pequeñas cosas gratificantes que suceden en mi vida cotidiana. Dejo aparcado el estilo de ir planificando anticipadamente y minuciosamente todos mis pasos, cronometrarlos rigurosamente para determinar cuándo y cómo debo tener los resultados.

Animo a los que se sientan identificados con esta tendencia social de no tener tiempo para hacer las cosas que realmente les interesa, que tomen ahora mismo mucho aire, empuñen y levante su mano derecha, y griten vigorosamente: Libertad, libertad!!!

miércoles, 23 de septiembre de 2009

¿Qué te pides?

¿Original o Crispy? Es lo que nos suelen preguntar cuando nos toman el pedido en la famosa cadena de pollos fritos KFC (Kentucky Fried Chicken), si queremos el pollo frito de forma tradicional o Crispy.

Pues así vamos muchas veces por la calle, como pollos, rumbo a la freidora para que nos zabullan aceite a 220ºC y luego servirnos de forma original (tolerante) o crispando con todo lo que se nos ponga al lado.

Esto lo cuento a propósito de la actitud de una señora que observaba en el autobús ayer. La señora iba que tu le dabas los buenos días y casi te mordía. Su conducta me ha servido para reflexionar sobre este tema, y estoy seguro que a muchos nos ha tocado ver casos como este, y cuidado si también actuar así, queriendo cargar a la cuenta de cualquiera, todos nuestros problemas.

Una de las razones por la que acostumbro ir por la calle extraído del entorno es esa, por eso siempre voy con mi iPod acoplado y con la música a todo trapo, precisamente porque hay tantas gentes en las calles asfixiadas con todo tipo de problemas, que buscan cualquier oportunidad para endosarte sus pertenencias, o cuando menos dejarlas caer para que tú se las recojas.

Reconozco que no es la mejor solución, lo de ir desconectado del ambiente, pero resulta que yo soy muy parabólico y quiero ir captando todas las señales de mi entorno, por eso si no lo hago así, al terminar el día, mis ánimos terminarían en los huesos, viendo como muchas personas buscan pagar las inseguridades que acarrean los problemas hasta con su propia sobra.

Ya sabes, cuando salgas de tu casa, tan pronto pongas un pie en la calle, pregúntate como los de KFC ¿Original o Crispy? ¿Qué me pido? y si has elegido Crispy, eso... te muerdes los codos.

Te dejo un video que refleja de forma muy divertida lo del compartimento Crispy

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sábado, 19 de septiembre de 2009

Amor y Control

Anoche de vuelta a casa después de haber quedado con una amiga para hacer “terapia” contándonos nuestras cositas, venia reflexionando en la situación por la que ella está pasando. Me vino a la memoria un tema del famoso cantautor Rubén Blades, que más que un cantautor yo lo defino como un retratista de realidades sociales.

Esta canción te recomiendo que la escuches con atención, por la profundidad de sus letras, que seguro verás en ellas el reflejo de algunas familias conocidas por ti, por eso que dice la canción de personas distintas con tragedias iguales.

Es una pena eso de que muchas veces cuando sabes de las desgracias de los demás piensas en los tuyos y te refuerzas reconociendo el valor que tiene la familia. Es la misma situación cuando veo en las noticias, en la calle, en Internet, en los periódicos, etc. las desgracias que les ocurren a los demás, es el momento cuando pienso y valoro como dice la canción de Mercedes Sosa: Gracias a la vida, que me ha dado tanto...

Aunque lamentablemente yo no tengo mi familia conmigo y desgraciadamente mis padres ya no viven, me acojo a eso que dice la canción de Rubén Blades: que el amor de padre y madre no se cansa de entregar. Por eso, aun mis padres no están en vida, me ilusiono creyendo que si lo estuvieran, recibiría su apoyo y con eso es suficiente para pensar que ellos están conmigo.

Verás como la canción no tiene desperdicio en ninguna de sus estrofas, eso de que dando la espalda no se van los problemas, ni la impaciencia resuelve los sufrimientos es el mejor antídoto para cuando nos desesperamos ante las situaciones que nos agobian.

Hay una frase que me dejo una vez en un papelillo mi amiga Elizabeth Fuentes, en una ocasión que me veía agobiado por situaciones de trabajo, y que jamás he olvidado, la nota decía simplemente: ¡Esto también pasará! Es así, en la vida por más oscuro que veas la situación, siempre habrá una luz después del túnel.

Ya sin más, te dejo el video con la canción, la cual dedico a mis padres donde quiera que estén, a mis hermanas, y por supuesto a ti y a los tuyos también.

Observación:

- Te tienes que asegurar que el audio está activado.

- Si no tienes una conexión rápida de Internet, tienes que esperar hasta que te cargue el video, mientras veas que te salga Buffering, es que está descargando el video.

- La música con la que introduzco el video es una de las estrofas de una famosa canción que me define en cuanto mi propósito de vida.

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jueves, 17 de septiembre de 2009

La tristeza por el bien ajeno

Recientemente hablando por teléfono con mi hermana Mayra en República Dominicana, estuvimos reflexionando sobre las personas que se alejan cuando compartes con ellas las cosas positivas que estás viviendo.

Mayra me contaba que después que se retiró de trabajar como empleada para dedicarse a su propio negocio, ha visto como muchos amigos y amigas, a pesar de que ella les ha invitado a compartir sus logros, ofreciéndoles inclusive de forma gratuita, hospedarles y que disfruten del proyecto inmobiliario que ha construido en Punta Cana, ha recibido como respuesta la desilusión por el alejamiento de esas personas de las que ella pensaba que podía compartir las verdes y las maduras.

Yo por mi parte, también le contaba que curiosamente había descubierto recientemente, que muchas veces cuando cuentas tus penalidades a las personas que crees que puedes compartir esos temas, ves como algunas de esas personas se acercan y hasta cierto punto se “solidarizan” contigo, pero que me parecía raro eso de que si les cuenta a esas mismas personas de tu bienestar y de tus proyectos futuros, lo que hacen es alejarse o cuando menos te muestran su indiferencia.

Esta indiferencia que para mi era un fenómeno raro, pero que luego de analizarla en profundidad he comprendido que es un fenómeno que estaba bautizado, que milita en la tristeza o en el pesar del bien ajeno, su nombre es Envidia y de apellido Resentimiento.

Por esa ascendencia que tiene la envidia del resentimiento, puede ser que esa “solidaridad” que en su momento me manifestaron esas personas, era realmente una muestras del sentimiento que no busca que me vaya mejor, sino lo contrario, que me vaya peor. 

Se que con estas declaraciones puedo parecer un terrorista de las buenas intenciones, pero también espero que se entienda que cada quién sabe donde le molesta el callo en el zapato, y por eso me atrevo hablar en estos términos cuando me calzo ciertos hechos.

Ese sentimiento que desde siempre lo había escuchado en el ámbito coloquial como algo común, envidia, quien la profesa, jamás producirá nada positivo, sino todo lo contrario, una insalvable amargura toda su vida.

Puedo recordar la gran cantidad de veces que alguien me ha podido decir: «no hagas caso, que esas son personas envidiosas». Lo que no sabía es que la envidia más que una expresión coloquial como me lo parecía, tenía una acepción de pecado capital según San Gregorio Magno el sexagésimo cuarto Papa de la Iglesia católica romana; quien selecciono los siete pecados capitales, y que se mantuvo por la mayoría de los teólogos de la Edad Media.

Pero fuera de esa clasificación de pecado capital dada por un Papa, lo que verdaderamente me ha aterrorizado es la tipificación que hace la psicología de las personas envidiosas, argumentado eso de que las personas envidiosas necesariamente se disfrazan o se ocultan, y no sólo ante terceros, sino también ante sí misma. La forma de ocultación más usual es la negación: se niegan ante los demás y ante si mismo sentir envidia.

Así que por lo visto, una persona envidiosa tiene más peligro que la Gripe A/H1N1, porque para esta gripe puedes tomar precaución y hasta te podrán vacunar, pero cómo vacunarse de las personas envidiosas ¿quién me lo dice?

Quiero citar textualmente como en psicología define la envidia y a las personas envidiosas:

La envidia revela una deficiencia de la persona, del ser envidioso, que no está dispuesto a admitir, y que se puede saber de qué carece el envidioso a partir de aquello que envidia en el otro.

Todo sujeto, en tanto construcción singular e irrepetible, es original, siempre y cuando no se empeñe en ser como otro: una forma de plagio de identidad que conduce a la simulación y al bloqueo de la originalidad.

Una de las invalideces del envidioso es su singular inhibición para la espontaneidad creadora. La verdadera creación, que es siempre, y, por definición, original, surge de uno mismo, cualesquiera sean las fuentes de las que cada cual se nutra. No en función de algo o de alguien que no sea uno mismo. Pues, en el caso de que no sea así, se hace para y por el otro, no por sí.

El tratamiento eficaz de la envidia cree verlo el que la padece, en la destrucción del envidiado (si pudiera llegaría incluso a la destrucción física), para lo cual teje un discurso constante e interminable sobre las negatividades del envidiado.

Su deficiencia estructural en los planos psicológico y moral aparece a pesar de sus intentos de ocultación y secretismo.

No sólo el sujeto envidioso es inicialmente deficiente en aquello que el envidiado posee, sino que el enquistamiento de la envidia, es decir, la dependencia del envidioso respecto del envidiado perpetúa y agrava esa deficiencia.

El envidioso acude para el ataque a aspectos difícilmente comprobables de la privacidad del envidiado, que contribuirían, de aceptarse, a decrecer la positividad de la imagen que los demás tienen de él.

¿Cómo conseguirlo? Mediante la difamación, originariamente "disfamación". En efecto, la fama es el resultado de la imagen. La fama por antonomasia es «buena fama», «buen nombre», «crédito». La difamación es el proceso mediante el cual se logra desacreditar gravemente la buena fama de una persona.

Hay que tener mucho, pero mucho cuidado porque realmente el verdadero objeto de la envidia no es en el bien que el otro posee, sino en el (modo de) ser del envidiado, que le capacita para el logro de ese bien.

Eso si: si alguien conoce algún tipo de mascarilla protectora, alguna vacuna, o cualquier norma de prevención para este mal, que me lo haga saber, porque de verdad, no quiero ser destruido por aquellas personas que sienten tristeza de mi bienestar.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Los estereotipos

La falta de cultura por una educación pobre (y no me refiero a personas de bajos recursos económicos, sino a una educación incompleta) ya sea por apatía, desinterés, negligencia, lleva siempre a un destino fijo, a la cerrazón de mente.

Es en este lugar donde está expuesta la imagen mental simplificada, con pocos detalles y desde donde muchos contemplan con una visión generalista y prejuiciosa a las personas provenientes de una determinada región geográfica, tanto positiva como negativa, y desde donde también se les asignan a primera vista unos determinados calificativos.

Para tocar este tema, hablaré en primera persona de mi experiencia como extranjero residente en España y como objeto de esas creencias ilógicas, que definitivamente sólo se pueden cambiar mediante la educación.

En ese sentido, puedo sentir la satisfacción que por la actividad profesional que desarrollo en España, estoy contribuyendo de alguna forma u otra, casi con desafío, a combatir la cerrazón de mente de algunos.

Traigo esto a colación y con resultados positivos, como anécdota de un curso que estoy impartiendo actualmente en una prestigiosa agencia de publicidad en Madrid. Cuando en la primera clase hice mi presentación y dije que soy de República Dominicana, por el país de origen, rápidamente pude ver que algunas personas del grupo me ubicaron en una región geográfica menos desarrollada que España e inmediatamente lo relacionaron que cómo viniendo yo de una región menos desarrollada sería la persona que les iba a enseñar.

Esto lo sustento porque en ese momento de presentación, involuntariamente algunos dejaron sus caras al desnudo permitiéndome leer sus emociones en la fuente de información facial cuando les he dicho que seré su profesor. La información que recogí de sus rostros es lo que me ha permitido establecer las técnicas pedagógicas que he seguido en las clases para poder finalizar con éxito el curso, y estoy a punto de lograrlo.

Nuestro sistema expresivo voluntario es la forma que tenemos para indicar intencionalmente nuestras emociones. Un ejemplo de esto es la anécdota conocida por muchos del caso mediático de la cantante Isabel Pantoja cuando se le escuchó decir a su pareja delante de un micrófono abierto «dientes, dientes que eso es lo que les jode» queriendo proyectar intencionadamente felicidad con una sonrisa, cuando en realidad no era un momento de felicidad y que pretendía que los que interpretaran esa sonrisa como de felicidad, les “jodería” saber que ella estaba feliz cuando no era el caso.

Por el contrario, nuestro sistema expresivo involuntario es el que nos deja reflejar nuestros verdaderos sentimientos. La información que hay en nuestras caras no es sólo una señal de lo que pasa en el interior de nuestra mente, me atrevería a decir que en cierto sentido, es lo que pasa realmente en el interior de nuestra mente, es cuando muchas veces vemos en alguien que sin decirnos nada le preguntamos: “¿Por qué te enfadas?" o “De qué te ríes?"

Y es que en muchos casos resulta imposible evitar tensar algunos músculos faciales a nuestro antojo, por una emoción negativa, como igualmente resulta casi imposible evitar que se relajen cuando nos sonreímos ante algo verdaderamente agradable.

Gracias a mi experiencia extrayendo informaciones acertadas de expresiones faciales involuntarias, sobre las que no se tienen un control consciente, he desarrollado una inteligencia intuitiva que ha contribuido grandemente al éxito en el ejercicio de mi profesión.

En esos casos en los que de entrada las personas me ven como objeto de estereotipo, es cuando me aprovecho para torearlas con técnicas empáticas para poder hacer cómodamente mi trabajo.

De ahí que ese éxito se transforma finalmente en un enriquecimiento cultural de las personas con quien me relaciono, logrando un cambio de la imagen mental simplificada y la visión generalista y prejuiciosa que se me asigna a primera vista, seguramente hasta con calificativitos peyorativos, simplemente por provenir de una región diferente, pero lo que es más grave aun, los calificativos y prejuicios por una cuestión de melanina.

Quiero dejarte un video que proyecta de forma muy conmovedora un ejemplo muy claro de un estereotipo.

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OBSERVACIÓN: Por algunos comentarios que me han dejado sobre el tema, me gustaría aclarar que en esta entrada no pretendía hablar del racimo en España, es un tema espinoso y sobre todo polémico.

De lo que hablo aquí, y siempre desde una óptica positiva, es de los estereotipos, una de las ramas del árbol de los prejuicios, del mismo árbol de donde se desprenden otras ramas como los mitos y el racimo.

Me imagino que por lo dramático del video final puede confundir toda mi narración, pero lo he seleccionado como una muestra de estereotipo, que si os fijáis, tanto la niña como la madre son asiáticas, de una región de la también se tienen muchos estereotipos.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Nos convertirnos en lo que pensamos

Ex abundantia cordis os loquitur

De la abundancia del corazón habla la boca

Esta extraordinaria frase en latín dice claramente una gran verdad, la cual adopto e interpreto en su esencia confirmando que nos convertimos en lo que pensamos, es por ello que con el tiempo he aprendido a tener control sobre lo que digo y cómo lo digo, para llegar a ser y convertirme en lo que digo, pienso, siento y hago.

Mis contraseñas para la vida: pensamientos, palabras, sentimientos y acciones.

He visto en este blog una magnifica oportunidad para expresar con palabras escritas y de forma pública, mís pensamientos, sentimientos y acciones, sin pretender que finalmente pueda ser leído por las personas que yo he creído que puedo compartir las claves con las que me abro camino en la vida.

Esta afición por escribir me nace desde la época de la adolescencia, en esa etapa de maduración de la psiquis, en la que empiezas a desarrollar el pensamiento abstracto y formal. Aunque parezca gracioso o estrambótico, me inicié en esto de escribir gracias a un insecto que ahora lo venero, la cucaracha. Tanto es el agradecimiento a este repulsivo insecto, que es la segunda etiqueta que tengo marcada en piel.

Sucedió en una de esas noches tropicales que anuncian lluvias, cuando las cucarachas sienten la amenaza del cambio en las condiciones cálidas de su habitat y salen a buscar refugios más seguros. Fue cuando este repelente insecto entró por la ventana de mi habitación y por el estado confuso que me produjo que podría definir como de intranquilidad, asco, miedo, por el que no pude cerrar los ojos toda la madrugada ubicando sigilosamente su posición para matarla.

En ese estado de vigilia aproveché para tomar un cuaderno y escribir cosas, tonterías quizás, pero descubrí el valor que ahora puedo calificar como terapéutico, al sentir una gran satisfacción dando forma de glifo a mis pensamientos. Puedo recordar que rellené un cuaderno completo escribiendo cosas, y que al final lo selle con cinta adhesiva, lo escondí en mi habitación y jamás volví a leer lo que había escrito, que hasta hoy no puedo recordar exactamente lo que escribí, pero si reconocer que gracias a la visita de esa cucaracha, en la actualidad he seguido practicando el alivio casi orgásmico que me produce escribir sobre mis pensamientos, sentimientos y acciones.

He querido hacer un reconocimiento a esa cucaracha de especie tropical, colocándola en mi brazo derecho y rodeándola por un lado con una rama de olivo en honor a España, la tierra donde he iniciado un nuevo ciclo de vida y en el otro lado una rama de cocotero en honor a República Dominicana mi adorada patria, los puntos rojos indican la sangre, la vida y las líneas discontinuas junto a las antenas, dan esa sensación de alerta, el sigilo que caracteriza a este insecto.

Para mi una obra de arte que solamente alguien de mi familia que me conozca tan bien como mi primo Jonas, podía interpretar exactamente lo que yo sentía por este insecto y da la casualidad que es un magnifico tatuador, así que para él fue fácil diseñarme y grabarme, soportando mucho dolor (todo sea dicho) el mensaje que le transmití.

Alguien me preguntó a propósito de lo extenso de las entradas de mi blog, qué de donde sacaba yo el tiempo para escribir tanto, insinuando algo como si mis relatos fueran sinónimos de perder el tiempo o de no tener cosas más importantes que hacer. En ese momento eludí la respuesta por el sentido insidioso de sus comentarios.

Lo cierto es que el tiempo que invierta para escribir en mi blog no tengo que darlo como balance a nadie, simplemente tengo que tener muy claro que para mi debe tener prioridad sobre todas las cosas sacar el tiempo de donde sea para escribir lo que siento, pienso y hago, porque reconozco que la sabiduría es terca y por eso tengo que recordarme lo mismo que ya sé con diferentes palabras y con idéntico contenido, en historias, metáforas, reflexiones, chistes, etcétera, para hacer hincapié en la esencia de mis palabras y que se graben con más fuerzas y perduren por siempre en el disco duro de mi espíritu, para así convertirme ciertamente en lo que pienso.

Una frase hecha que aprendí del argot popular en España, dice: Cada uno es como es. Por eso yo necesito en la complicada y variada asignatura de la sabiduría, repasarme muchos temas con frecuencia, estudiarlos y volverlos a estudiar, no solamente para que no se me olviden, si no para aprender de ellos algo nuevo cada vez que lo traiga a mi mente, para llegar a ser y convertirme realmente en lo que digo, pienso, siento y hago.

En un comentario de la entrada Cuando los demás se crean expectativas sobre ti una persona muy allegada a mi familia, tanto que lo aprecio como un hermano, hizo un comentario el cual valoro como muy cierto, cito: pochy51 dijo...

«Esta entrada esta tremenda, el concepto de la independencia personal e idealista ha sido el origen de todas las grandes logros del hombre, hasta la Democracia en su estado puro surge de esta idea de ser uno mismo. Aunque, es imperativo no perder la perspectiva que brinda el punto de vista ajeno, por lo que es tremendamente valioso el aporte que los demás realizan en nuestras vidas.... no es solo cerrar los ojos y mirar en nuestros adentros, allí no están todas las respuestas, seguro que hay muchas pero nunca estarán todas!»

Por eso no quiero mirar solamente a mis adentros porque tal como cita pochy51, ahí no estarán todas mis respuestas, deseo aprender de las palabras de los que se animen a dejar sus comentarios, que si no lo hacen, no pasa nada, yo buscaré sin descanso otras fuentes de sabidurías, porque nadie tiene el monopolio del saber.

William Shakespeare dijo: Nada es, a menos que nuestro pensamiento haga que sea.

Ver entrada: Cuando los demás se crean expectativas sobre ti